Miranda de Ebro

Escudo

Desde sus comienzos la ciudad de Miranda viene determinada por su estratégica ubicación geográfica, y que gracias a su actual eje de comunicaciones permite el desarrollo económico, agrícola, ganadero e industrial de dicho municipio.
Surgida en tiempos medievales fue en los siglos XI y XII, cuando va tomando fuerzas.
Así en el año 1099, durante el reinado de Alfonso VI, adquiere su Carta Fuera de Repoblación otorgándola un notable peso económico, al ser paso obligatorio de las mercancías que se dirigían al norte de la península (País Vasco, Burgos o La Rioja. A partir de aquí se desarrolla una de las más importantes juderías del norte de España.
Paralelamente, y doscientos años después, se le otorga el privilegio de celebrar la Feria de Mayo, seguida de la denominada del Ángel y de Marzo (1332), convirtiéndose en una población importante como elemento potenciador de una economía próspera y con un crecimiento de la población continuo. Centro de reunión ineludible de mercaderes de todo el mundo, garantía de ello era la exención del cobro de tributos y portazgos.
Conforme iba creciendo la ciudad se iba desarrollando un foco artístico importante en esta localidad. Los siglos XVII y XVIII fueron los máximos exponentes de este patrimonio.
El puente de Carlos III (elemento de unión entre los dos barrios característicos de Miranda, Aquende y Allende), el Ayuntamiento y las iglesias de San Juan, Santa María de Altamira y San Nicolás, son claros ejemplos de este arte.
Típicamente agrícola y ganadera, desde el siglo XIX viene a desarrollar importantes núcleos industriales, producido gracias a la creación de líneas ferroviarias Madrid-Irún y Tudela-Bilbao en el año 1864, lo que supone un gran crecimiento poblacional y la aparición y multiplicación del sector comercial hasta convertirse en lo que es hoy en día.